4.- A. Guri "La aventura americana" - amicsfabracoats
 

4.- A. Guri "La aventura americana"

EMPIEZA LA CRISIS
VENTAS Y CRISIS.- En los años 1973 y 1974, la Cía., obtuvo los mejores beneficios de su historia, pues las ventas superaron los 3.000.000 de kilos anuales.
No obstante, fue en 1975 y debido a la primera crisis mundial del petróleo, cuando se inició una recesión de las ventas que afectó simultáneamente a otras fábricas del Grupo Coats en Europa.
A raíz de aquella persistente disminución de la demanda, nos vimos obligados a introducir los primeros paros, iniciándolos en la fábrica de Torelló y posteriormente en San Andrés.
Dichos paros fueron agravándose, debido también a las importaciones de hilos procedentes de terceros países, con cuyos precios no se pudo competir, ya que sus costes de mano de obra eran notablemente inferiores a los nuestros.
LA AVENTURA AMERICANA
En 1984, el Sr. Fabra me dijo que, a petición de Glasgow, o sea del Group Merchandising Manager, le interesaba que fuera para tres meses a reemplazar al Merchandising Manager de la fábrica de Pereira (Colombia), que el Grupo Coats tiene en aquel país, añadiendo que si me interesaba podía llevarme a mi esposa con todos los gastos pagados a cargo de la Compañía.
Mi respuesta fue altamente afirmativa, porque además, en estos casos, negarse a ello podía no ser positivo para mí, máxime teniendo en cuenta que unos años atrás, ya se me propuso ir también un mínimo de un año a la fábrica que J&P Coats inauguraba en Malasia, pero en aquellas fechas tenía a mis dos hijos todavía muy pequeños. En mi lugar fue Hugh Browlie, quien ocupaba el mismo cargo en Oporto (Portugal).
Así pues le dije al Sr. Fabra que aceptaba, pero le pedí que, yendo a Colombia, me concedieran dos o tres semanas, para desplazarme a Perú, donde residían mis hermanos desde 1952.
Ambos de acuerdo, salí de Barcelona para Bogotá, el día 14 de octubre de 1984. En aquella capital vino a recibirme al aeropuerto, el Jefe de Ventas en dicha ciudad, el Sr. Santa, y aprovechamos las cinco horas de espera para enlazar con el vuelo a Pereira, capital del Departamento de Risaralda, para mostrarme los mejores lugares de la capital colombiana. Lo que más me gustó fue el impresionante museo de oro y la Catedral de Sal.
En el aeropuerto de Pereira, final del trayecto, me esperaba Mr. Harrison, jefe de fabricación de la fábrica Coats Cadena, quien me instaló en el hotel Meliá-Pereira, de 5 estrellas, durante aquellos tres meses que trabajé allá, desarrollando la misma función que tenía en Fabra y Coats. Dicho hotel era muy lujoso, disponiendo en su interior de una gran piscina con cascada incluida. Era un oasis en medio de un entorno algo desolador por su pobreza e inseguridad ciudadana.
La moderna fábrica, a las afueras de Pereira, está rodeada de plantas tropicales exóticas y de grandes cafetales, destacando su grano de color rojo, cuando está en proceso de maduración, lo que daba una grata y sorprendente visión. El cultivo del café, de grana abundante, da cosecha todo el año.
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Tuve muy buenas relaciones y amistades con las otras jefaturas, todos de nacionalidad británica, así como el personal de mi División, quienes antes de mi partida me obsequiaron a mí y a mi esposa, con una cena al estilo colombiano, en un buen restaurante, durante la cual nos cantaron un par de músicos con sus guitarras, Cumbias, la música tradicional del país, dedicándonos al final unas bonitas canciones a nuestras personas. Por último me hicieron entrega de una placa conmemorativa con la siguiente inscripción:
 
A ANTONIO GURI REIXACH
 
QUIENES PUDIMOS APRECIAR SUS VALORES,
QUEREMOS DEJAR GRABADAS LAS MUESTRAS DE
AFECTO Y ADMIRACIÓN POR EL DEBER CUMPLIDO
QUE CONLLEVAN UN CÚMULO DE EXPERIENCIAS
QUE PERDURAN EN SU VIDA
(A continuación figura el nombre de cada uno de ellos)
 
-REPÚBLICA DE COLOMBIA-
PEREIRA - DICIEMBRE 14/84
 
Entre todos ellos recuerdo con simpatía, a la joven secretaria que tuve en la oficina, la Srta. Lylliam, cuya colaboración fue muy importante, principalmente en los primeros días de mi llegada.
 
Ahora también recuerdo que, en la cena de bienvenida que nos ofreció Mr. David Russell en su domicilio, a la llegada de mi esposa, dicho “number one” le preguntó si había visto alguna vez una fábrica de hilos, a lo que ella, con un pequeño suspenso, le respondió que no (¿).
 
Al día siguiente y cumpliendo indicaciones de Mr. Russell, el joven J. Brown fue a recoger a mi esposa en el hotel para mostrarle todas las instalaciones de la fábrica, o sea empezando desde el almacén de balas hasta los departamentos de Acabados, pasando por las oficinas.
 
Al finalizar el recorrido le obsequiaron con una cestita con una pequeña muestra de carretes, tubos, ovillos, etc., que se producían en aquel centro con una tarjeta de “COATS CADENA” que decía: GRACIAS POR SU VISITA, SRA. GURI.
 
Aunque como digo, el trabajo a desarrollar en COATS PEREIRA, en principio debía ser el mismo que efectuaba en FABRA Y COATS, siempre hay excepciones pues el primer día en la oficina y sin apenas conocer aún a todos los empleados del Depto., tuve la primera sorpresa, cuando me llama Mr. Russell y me dice:
“Sr. Guri, hágame una carta urgente para el Sr. Ministro de Comercio de Colombia, indicándole que si no nos conceden urgentemente las licencias pendientes para la importación de unas determinadas drogas procedentes de Alemania, para nuestro TINTE, vamos a tener que cerrar toda la fábrica y dejar en el paro a unos 600 empleados”.
Añadió que, al tenerla lista, se la entregara porque él, al día siguiente, se la llevaría personalmente a dicho Ministerio en Bogotá.
Yo jamás había hecho una carta para un ministro en España, pero me puse manos a la obra y, con la ayuda de la secretaria, sacándome cartas del archivo, hice la carta sin ningún otro problema y con una experiencia más.
Por cierto que dicha fábrica “Coats Cadena” que aquel año cerró el ejercicio con muy buenos beneficios, al cabo de unos años, según me informaron con quienes todavía mantengo correspondencia, que las cosas fueron a peor, teniendo que efectuar una reestructuración de personal y parte de la plantilla se quedó en el paro.
En otra ocasión recuerdo que llamé a mi esposa desde mi despacho al hotel, y al oírme hablar la dicha Srta. Lylliam, al finalizar dicha conversación, muy sorprendida me preguntó: ¿D. Antonio en que idioma habla usted con su señora?. Yo le dije que era nuestro propio idioma, el catalán, que se hablaba en España, principalmente en Cataluña, donde es también idioma oficial como el castellano o español.
Los fines de semana los pasaba yendo invitado a casa de cada uno de los demás jefes escoceses, tales como Mr. Ponsford (Ventas), Mr. Harrisson (Fabricación), Mr. Charles Martin (Ingeniero), Mr. Wastell (Finanzas) y Mr. Mc Intosh quien iba a sustituir a Mr. Harrisson, en cuyos domicilios comíamos, bebíamos vino chileno, cerveza y whisky, y quien supiera, jugábamos a golf. Existe un “Club Campestre”, de uso exclusivo para aquellas jefaturas británicas y sus familias, en el que disponen de piscina, tenis, golf, etc., etc.
Un domingo Mr. Harrisson, con su avioneta particular de sólo dos plazas me invitó y me llevó de Pereira a Medellín, nada menos que en un día ventoso y lluvioso, no recordando jamás haber pasado tanto miedo, pues además sobrevolamos con el aparato, que vibraba, el valle del Cauca, unos 600 Km de auténtica selva muy espesa de árboles y vegetación, o sea sin poder ver una sola carretera o un campo de fútbol, donde poder aterrizar en caso de emergencia. En Medellín apenas comí pensando ya en el regreso a Pereira. Además, y por si fuera poco, en el aeropuerto de Medellín, había un monolito en recuerdo al cantante argentino de tangos Carlos Gardel, fallecido en accidente de aviación en dicho aeropuerto en el año 1935.
Según me contaron posteriormente, por lo visto a Mr. Harrisson le gustaba y se divertía con subir a su avioneta mayormente a novatos como yo, y ver lo mal que lo pasábamos.
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Para no dejar solos tanto tiempo en Barcelona a mis dos hijos, todavía muy jóvenes, mi esposa vino a buscarme a Colombia una semana antes de mi marcha, para trasladarnos juntos al Perú. La Compañía también se hizo cargo del viaje de ambos de Colombia al Perú, donde pasamos tres semanas muy felices en casa de nuestros hermanos David y Ángela y sobrinos, visitando su capital Lima, Paracas, Cuzco y el famoso Machu-Pichu.
Aunque en los alrededores de Lima existe mucho barraquismo, con miles de cholos, bajados de la sierra, que se dedican a la venta ambulante, lo cual es causa de mala impresión, al paso de los viandantes por la ciudad, de grandes y espaciosas plazas, con edificios de estilo colonial, te das cuenta de la mezcla de razas existente o sea blancos, negros, mestizos, indios, cholos y zambos. Sin embargo existen también barrios residenciales como San Isidro, Miraflores y Barranco, donde viven las familias más acomodadas y afortunadas, entre las que se encuentran mis hermanos.
Tanto por lo que respecta al Perú como en Colombia, observé que, entre sus ciudadanos, existe una gran desigualdad social entre pobres y ricos, por lo que la clase media, muy predominante en España y Europa, en aquellos países sudamericanos quizás sea la más reducida.
A mi regreso a Barcelona, D. José me hizo entrega de una fotocopia de una carta (el original quedó archivado en mi expediente personal), que recibió de Mr. Russell en la que, con satisfacción, le expresaba y elogiaba el trabajo que desarrollé allí, durante aquella inolvidable temporada, añadiendo que les había dejado muy buen recuerdo a todos los niveles.
Con el dinero que además percibía mensualmente, para mis gastos particulares, compré unos bonitos pendientes con dos esmeraldas de las que se extraen de las entrañas de la tierra colombiana. Me sorprendió que en Sudamérica a los pendientes los llaman aretes.
Como es sabido, Colombia es el segundo país del mundo exportador de café, después del Brasil, y el primero en esmeraldas.
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