1.- Antoni Guri "Botones" - amicsfabracoats
 

1.- Antoni Guri "Botones"

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NOTAS BREVES DE MI TRAYECTORIA LABORAL Y PROFESIONAL EN LA CIA. ANMA. HILATURAS DE FABRA Y COATS:
ANTONIO GURI REIXACH (1942-1986)
LOS PRIMEROS AÑOS – LAS VIVENCIAS DE UN “BOTONES”
Aprovechando los muchos ratos de asueto que me permite la jubilación, y antes que la memoria me abandone, deseo expresar por escrito algunos de mis gratos recuerdos que conservo de mi larga vida laboral y profesional en “FABRA Y COATS” y de la que me siento muy afortunado.
En el año 1942, al igual que la mayoría de familias españolas, en situación económicamente precaria, debido a la reciente finalización de la trágica guerra civil española (1936-1939), y la mundial que había entonces (1939-1945) entre países angloamericanos y las llamadas fuerzas del Eje, muchísimos jóvenes, como el que suscribe, con apenas 15 años, tuvimos que iniciarnos en la vida laboral sin apenas estudios, para que aún con nuestro ínfimo salario (20 ptas. Semanales) pudiéramos colaborar con los ingresos de la familia, en aquellos momentos tan difíciles de la postguerra.
Así pues, con apenas 15 años y un previo examen que me hizo personalmente el abogado y jefe de personal, Sr. Martín González, en un 16 de octubre de aquel año de 1942, entré a trabajar para formar parte de la gran plantilla de la Compañía, como “botones” en la Dirección de las Oficinas Centrales en la calle Diputación nº 245/247 de dos plantas, para trasladarnos dos años después, o sea en 1944, a la calle Bruch nº 50, esquina Gran Vía, edificio de 5 plantas, construido expresamente para la prevista expansión, dado el auge que iba tomando la Compañía.
Un pequeño detalle, pero que no puedo olvidar, es que en aquel pequeño examen, en un dictado que se me hizo, tuve una sola falta de ortografía en la palabra “ahíto” pues puse la “h” al principio de la misma, lo cual sin embargo no impidió mi ingreso.
Durante los 12 meses que estuve de “botones”, voy a rememorar para contar algunas anécdotas y curiosidades.
La 1ª fue cuando la señora esposa de Don Román Fabra, Marqués de Masnou, cumplió su aniversario, se celebró en la torre donde residían, en las Tres Torres, una gran fiesta organizada con baile y con música de orquesta. A mí y al otro botones, llamado Benito Pedreño, y ya fallecido, que estábamos en aquellas oficinas centrales, dicho Sr. Marqués nos pidió personalmente a ambos, si podíamos ir a su domicilio a fin de situarnos en el “hall” de la torre, para que a medida que fueran entrando los asistentes, les recogiéramos abrigos y sombreros. Así pues con mi traje de “botones” color azul, guantes blancos y zapatos muy lustrados, procedimos con dicha tarea, para todos aquellos personajes de la alta sociedad de Barcelona, entre las que se hallaban otras personas con título nobiliario y otros muchos señores industriales del textil de esta ciudad y comarca. A mí no me vino de nuevo lo de recoger y poner abrigos, sombreros y bufandas, ya que ello era una de las tareas que tenía asignadas cada día en las oficinas, a la llegada y salida de D. Fernando Fabra (marqués de Alella), D. Román Fabra (marqués de Masnou) y los hijos de éste, D. Camilo y D. Alfonso Fabra.
La fiesta privada a la que me refiero duró varias horas, transcurriendo con alegría y baile, mientras que los camareros iban y venían con sus bandejas llenas de bebidas, canapés, etc., para servir a los señores invitados. Yo y mi compañero, guiados por la curiosidad, espiábamos a través de unos cortinajes, observando como los hijos de los Sres. Marqueses y sus respectivas esposas, entre otras muchas parejas, danzaban al compás y al ritmo de la música.
A las 2 de la madrugada, los invitados empezaron a retirarse por lo que tanto yo como mi compañero, tuvimos que volver al “hall” para devolver el abrigo, bufanda y sombreros, a la vez que teníamos que asomarnos a la puerta de la salida y en voz alta llamar: ¡¡El chofer de los Sres. XXX!!, para que sus respectivos coches les recogieran en la misma entrada de la torre.
A las 3 de la madrugada, concluida la fiesta, el Sr. Marqués nos dio una cantidad de dinero, que ahora no puedo recordar, y nos preparó personalmente unas bandejas con los muchos y exquisitos canapés, repostería, etc., sobrantes del abundante surtido. A continuación ordenó a su chofer particular (Sr. Valeriano) que, dado la hora, nos llevara con su coche a nuestro domicilio particular, dando así por finalizada nuestra colaboración a la fiesta.
La 2ª anécdota fue cuando D. Román se hizo pintar al óleo vestido de marqués, con una banda azul que cruzaba su pecho, por un renombrado pintor de Madrid, que si no recuerdo mal, se llamaba Sotomayor. El cuadro, de unos 6 m2., estuvo expuesto en la Sala de Juntas de las Oficinas Centrales, en la calle Bruch, hasta el cierre de la misma. La anécdota radica en que al Sr. Marqués no debió gustarle tal como le había quedado originalmente la mano derecha que reposaba sobre el puño del sillón, cuando dicho pintor acudió a las mismas oficinas a retocarle el cuadro, lo cual hizo durante dos días, después de finalizado el horario de trabajo.
A requerimiento del Sr. Marqués me quedé también en la oficina con el único objeto de aguantarle la paleta al pintor, mientras le retocaba la mano del cuadro. Finalizado dicho arreglo, quedó la paleta completamente llena, me imagino de muy buena pintura, diciéndome el Sr. Marqués, si conocía a algún pintor que pudiera aprovecharla. Dicha paleta y pintura se la di a mi hermano, quien trabajaba con un farmacéutico que pintaba muy bien y con la que le hizo un magnífico cuadro con su bata blanca, que aún conserva.
La 3ª curiosidad, fue cuando el Sr. Arévalo, cajero de la Compañía y alto cargo de la Federación Catalana de Fútbol, nos propuso ir de recoge-pelotas al Estadio de Montjuic para la final de fútbol, entonces llamada Copa del Generalísimo, entre los equipos del Atlético de Bilbao y C.F. Valencia. Para mí fue muy emocionante entrar y salir de los vestuarios junto a tan famosos jugadores, entre los que recuerdo a Zarra, Panizo y Gainza por parte de los vascos y de Eizaguirre y Alvaro entre los valencianistas. Ganaron los bilbaínos por 3 a 1, con un gol de Zarra.
Al sonar el pitido final del árbitro, hubo invasión del campo por parte de los aficionados vascos y yo salí fotografiado junto a los jugadores que levantaban la Copa, no sólo en todos los periódicos deportivos, sino también en el NO-DO, que pude ver precisamente en una función de cine en el casino de Borgonyà.
La 4ª y última curiosidad de mi trabajo como botones, aunque tengo más, fue cuando en 1942, el entonces jefe de finanzas Mr. Jackson y Mr. Boyd, me mandaban semanalmente a los consulados de EEUU y de la Gran Bretaña, de esta ciudad, a recoger con mucha discreción, unas revistas y unos periódicos de aquellas nacionalidades, que yo debía esconder debajo de mi chaqueta, con todos los botones bien abrochados, pues la política española durante el conflicto mundial era pro-nazi y la policía controlaba o vigilaba las entradas y las salidas de ambos consulares. En dichas revistas, que yo también procuraba ojear, se veían ya las primeras y horribles escenas de los campos de concentración nazis, todo muy diferente a lo que se nos mostraba entonces en el Noticiario Español, conocido como NO-DO.
También recuerdo que ambos botones disponíamos de una bicicleta en el almacén, con la cual íbamos a comprar para los Sres. Marqueses, en las mismas taquillas de los teatros de la ciudad, unas localidades para alguna de sus funciones, así como retirar de las oficinas del C.F. Barcelona y R.C.D. Español, los carnets de socio correspondientes a una tribuna que, ambos, disponían en cada uno de dichos clubes. A propósito, el primer Presidente que tuvo el C.F. Barcelona después de la guerra civil española, fue D. Enrique Piñeyro (Marqués de la Mesa de Asta) y casado con Dª. Paz, hermana de D. Camilo y D. Alfonso, y que con alguna frecuencia veía por las oficinas centrales, ya que además era Director de la COMPAÑÍA NACIONAL DE HILATURAS, filial de FABRA Y COATS, con sus oficinas en la calle Balmes nº 36/42.
Don Fernando Fabra y Puig falleció en Barcelona el día 12 de julio de 1944, a los 78 años de edad, en su domicilio, en una torre de la calle Muntaner nº 290 todavía existente. La ciudad de Barcelona le tributó un impresionante sepelio, presidido por el alcalde y demás autoridades del momento, pues el marqués de Alella, también había sido alcalde de esta ciudad, y en su mandato donó a Barcelona el observatorio que lleva su apellido y por lo tanto es conocido por todos como “Observatorio Fabra”, situado en la falda del Tibidabo, y que yo, en todo momento, puedo observar desde mi domicilio. Recuerdo también que a mí y a mi compañero, igualmente con traje azul y guantes blancos, nos colocaron al lado del luctuoso y a la vez lujoso carruaje tirado por varios y engalanados caballos, junto a los muchos guardias urbanos con sus uniformes de gala de grandes plumeros, etc.
Al día siguiente, y en la portada de todos los periódicos de la ciudad, pudimos ver fotos de dicho sepelio y la de mi joven persona junto al ya citado carruaje.
Su hermano D. Román Fabra y Puig, (Marqués de Masnou), falleció en San Sebastián el día 26 de agosto de 1948, pero sus restos fueron trasladados a Barcelona, cuyo sepelio tuvo lugar en la iglesia de la Plaza Bonanova y al que yo también asistí.